Archivos Mensuales: mayo 2012

Herida

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“Las personas heridas son peligrosas. Saben que pueden sobrevivir”. Es una de mis citas favoritas, una de esas que dan sentido a los instantes. De la película Herida, de Louis Malle, con Juliette Binoche y Jeremy Irons. Desde El último tango en París no había visto una pareja tan intensa y abocada al desastre. Siempre creí que era cierto, que las personas heridas son más fuertes, que se levantan una vez y otra, que superan todos los finales. Siempre lo creí hasta el viernes en que desplegamos el Mage Knight, el juego de Vlaada Chvatil en el que caballeros descubren y asolan territorio hasta alcanzar tanta fama y poder que los vuelve temibles.

Lo malo es que no jugamos demasiado a menudo a ningún juego, que los compramos, los leemos, los probamos y los dejamos reposar durante meses. Cuando estábamos haciendo el set up yo me acordaba de poco y M. se acordaba de menos aún. Había algo sobre las leyes de los días y las noches, sobre el maná y los cristales, sobre las tropas que podías contratar en pueblos y monasterios… pero formaba una nebulosa en nuestras cabezas y una nebulosa aún más densa sobre la mesa de juego.

Recordaba que la vez anterior me había quedado atrás por no arriesgarme, por no atacar y quedarme esperando. No quería que volviera a ocurrir. También recordaba que la anterior (y única) partida que jugamos la perdí por no poder coger el tesoro de unas ruinas. Demasiado marcada por el pasado, intenté no volver a cometer los mismos errores, un poco como si quisiera arreglar las cuentas pendientes más que vivir otra nueva experiencia.

Esta vez el juego era colaborativo, pero, para qué engañarnos, nunca lo es del todo. A M. y a mí nos gusta competir, nos gusta hacer apuestas, nos gusta apuntar en una lista las 10 canciones de Eurovisión para ver quién acierta más, nos gusta comparar las habilidades de nuestros guerreros del Skyrim para ver quién es más fuerte, más hábil, más poderoso. Es verdad que jugamos a juegos colaborativos y, de alguna manera, eso mitiga nuestras competiciones, pero siempre hay un resto de competencia, de niños que se han criado con un hermano que le sacaba poco años, de medirnos mutuamente.

El caso es que el recuerdo de anteriores fracasos me llevó a explorar unas ruinas demasiado pronto, cuando no estaba preparada y ni siquiera tenía cartas de ataque en mi mano. Casi fue un suicidio, una inmolación, una aceptación del fracaso e incluso una búsqueda del mismo. Cogí en mis manos tantas heridas que ya no pude cargar con nada más que gotas de sangre durante unos cuantos turnos. El sistema de heridas de este juego es muy curioso: hay un mazo de cartas de herida que tienes que coger cuando te hacen daño. Esas cartas van a tu mano y te impiden robar cartas de acción, pues la mano tiene un límite y, si estás llena de heridas, no puedes robar nada más. Las heridas se descartan lentamente y se curan más lentamente aún. De los juegos que he probado hasta ahora es el que mejor refleja la sensación de estar herido. Puede que estar herido te haga más fuerte, no lo dudo, pero también te hace más lento. Las heridas exigen atención y cuidados, exigen que te preocupes por ellas, que las vayas curando poco a poco, y hacen que se limiten tus movimientos y tus acciones.

No acabamos la partida. Apenas había conseguido un poco de fama y una habilidad para moverme más rápido cuando aparecieron las tres ciudades que, se supone, teníamos que conquistar. Me acerqué a una sabiendo que era inútil y dejamos el juego montado sobre la mesa. Tras dos semana y dos días M. decidió que era el momento de recogerlo, de admitir que no íbamos a terminar la partida. Por un lado fue un alivio, por otro me dio pena. No habíamos jugado bien ni habíamos seguido las reglas, así que me había dedicado a leer el manual durante la semana y pensaba que ya estaría preparada, si no para ganar, al menos sí para jugar como dios manda. En realidad creo que me paso más tiempo leyendo reglas que jugando realmente.

Uno de los fallos que tuvimos fue con mis heridas. Creo que tenía que haber cogido unas pocas menos, pero estuvo bien, de alguna manera también me sentía herida, de alguna inexplicable manera irme deshaciendo de todas esas cartas con gotas de sangre me hizo sentirme mejor, más liviana. Es conveniente ver la magnitud de tus heridas en tu mano, es conveniente deshacerse de ellas, es conveniente tomarte tu tiempo antes de meterse a cazar tesoros.