Delicat-essen

Tantas emociones, tantos juegos vistos, tantas explicaciones escuchadas, tantas nuevas sensaciones que no sé si recordaré ahora, reposadamente y en el apartamento con vistas a la Ópera, todo lo que ha sucedido. Intentaré no pasarme nada, que sé que es importante para los que leéis que os cuente cómo ha sido la experiencia, lo mismo que yo me sirvo de las experiencias de vuestros blogs a la hora de elegir juegos o visitar lugares lúdicos.

Empezaré por el principio, y el principio es el tren. Intentamos de mil maneras sacar el billete para Essen en las máquinas, como nos había recomendado la gente de información ayer, pero no hubo manera. No aceptaba tarjeta de débito ni de crédito y tampoco billetes o monedas pero eso al final resultó mejor, porque fuimos a los mostradores, nos atendieron en seguida (no como en Madrid) y, cuando preguntamos si era más barato coger ida y vuelta, nos aconsejaron comprar el billete para un día. Nos salió por unos 30 euros para los dos, cuando de la otra manera habrían sido 40. Para quien se compre el billete del día, advertirle de que sólo se valida una vez y que los revisores también pasan en Alemania pidiendo billetes.

Al bajar pedimos a una chica que nos ayudara a sacar el ticket de metro, pero por alguna razón quien nos ayudó a la ida nos hizo comprar un billete de 2’50 y quien nos ayudó a la vuelta nos condujo a otro ticket de menos de 2 euros (el segundo era la letra K, el primero no lo recuerdo, pero creo que la A). De todas maneras a la vuelta es difícil que quepa un revisor y menos que pueda siquiera moverse entre el gentío porteador de cajas de cartón y gigantescas bolsas de plástico que atesta el metro a la hora de cierre de la Feria.

Tratamos de comprar la entrada con tarjeta, y esta vez pudimos, pero sólamente con la de crédito, así que estoy temiendo la comisión. Dentro, en los juegos que compramos, no aceptaban tarjetas en ningún sitio. No sé si realmente hay tiendas en que sí las aceptan, pero me parece que no son las editoriales.

Lo primero que hicimos, según lo previsto, fue apostarnos en el stand 4-39 para conseguir una copia del Tokaido. Hicimos bien, pues al final del día ya estaba todo vendido y además conseguimos las cartas extra, la dedicatoria de Antoine Bauza y  un simpático samurai dibujado por el mismísimo Naiade. No sé si nos acabará cansando, pero es un juego exquisito. Eso sí, tiene cartas y tokens minúsculos, que desmerecen lo bonito de las ilustraciones.

Después ojeamos el Tzolk’in y me desenamoró bastante. No llegamos a probarlo, pero las ruedas no eran tan vistosas y necesarias como yo esperaba. Parecía un juego vulgar con el plus de los engranajes, aunque me puedo equivocar y enamorarme de nuevo, ya que soy una mujer tremendamente voluble y, con los años, me va costando menos admitirlo.

Después tuve entre mis manos el Winter Tales. Lo tuve, lo miré, lo miré otra vez, leí el resumen de reglas y pensé que ese juego me pegaba totalemente, que lo necesitaba, que si no lo compraba me iba a arrepentir y que sería el típico juego que me regalaría mi hermana sin pestañear porque pensaría (con razón) que era necesario para el equilibrio del universo que lo tuviera.

Sin embargo me asaltó una dosis de realismo (ayudada por el realismo de M.) y me di cuenta de que mi hermana y JC están en Brighton, Isaac en Marsella, Borja, Sofi, Natalia, Charo en Asturias, Benja, Grace, Alicia, Jorge, Juan Francisco, Lucía y Berta en Madrid, y que en Lorca no había realmente nadie que pudiera disfrutar ese juego, que se sentara conmigo a la mesa un viernes por la tarde, con un vino caliente y una estufa a inventar historias de noches heladas. Solo estamos M. y yo, y comprar un juego así, aquí y ahora, es como comprarte los pantalones dos tallas más pequeños para “cuando adelgaces”. Siendo así la cosa y con mucha pena, lo volví a dejar en el mostrador y me di la vuelta.

Essen es ante todo un lugar en el que aprendes a renunciar, un ejercicio de estoicismo, casi de ascetismo. M. tuvo el tiempo necesario para sufrirlo en sus propias carnes al dejar lastimeramente sobre el mostrador un magnífico ejemplar de Battles of Napoleon: The Eagle and the Lion  por 30 euros nuevo y precintado. Lamentablemente viajamos con maleta y no con baúl. Ryanair rules.

Durante el resto de la mañana nos dedicamos a revisar la lista y a decidir si comprar o no los juegos que habíamos señalado. Pasamos por un stand gigante de Queen Games ultraproducido donde había un montón de mesas para probar el Escape. Era la primera vez en mi vida que me sentaba en una mesa con desconocidos (uno de ellos español, los otros no sé de dónde) a jugar a un juego. Escape es un juego loco de tirar y retirar dados contra-reloj. El problema es que el juego es colaborativo y, cuando colaboras con los otros, no te da por estar pendiente del último grano de arena que cae de la clepsidra. Me gusta lo de tirar y volver a tirar, pero creo que me convence más el King of Tokio.

Después pasamos por el Clash of Cultures, donde unos amables catalanes sentados a la mesa de juego me dijeron que ellos ya tenían su copia y que sí, era muy parecido al Civilization de antaño. Me gustó, aunque no me senté a jugarlo y lo apunté en mi lista de cosas que pedir a Planetongames o a Games-Worldtorre en el momento menos pensado. De todas formas no es un juego al que nos vayamos a poner a jugar inmediatamente, sino de esos que requieren cierto reposo y calma.

Nos acercamos a Fleet, pero no, su ausencia de épica y su dudoso funcionamiento a dos jugadores acabó por matarnos las ganas. Después, un vistazo rápido al pabellón 12 terminó con una absurda copia (absurda porque es a partir de 3 jugadores) del City of Horroren nuestra maleta. Entre que a Robert Florence le pirra, que Ignacy Trzewiczek afirma que es el juego que siempre hubiese querido diseñar, que desplegado luce más que bonito, que la gente que lo jugaba tenía cara de estar pasándoselo pipa y, sobre todo, que estaba el diseñador firmando copias con un sombrero mejicano, tuve un arrebato y lo compré. Creo que, a largo plazo, no voy a arrepentirme. A corto, dios dirá.

Seasons, Myrmes y Archipélago los vimos de pasada. No, realmente no era eso lo que estábamos buscando. Serenissima quedó pendiente para otra ocasión, porque no había ninguna copia (al menos que nosotros viéramos) para probarlo. Los que sí estaban eran Yedo (no conseguimos más que una somera introducción y una promesa de que sería divertido), Kemet (volveremos a él por la tarde) y un jueguecito también de Matagot llamado River Dragons que también tuvimos ocasión de probar a última hora.

Y lo que sí probamos fue el Crokinole, al que recibí una soberana paliza. Había un montón de juegos de habilidad, con madera, imanes, bolitas, preciosos, grandes y carísimos, que deseamos secretamente si nuestra casa y nuestras vidas fueran otras.

Tratamos de probar el Shadows Over Camelot: the card game, pero las mesas estaban más llenas que las del Bulli, así que lo compramos directamente. Tengo a M. delante leyendo las reglas mientas escribo estas líneas y diciendo con la boca torcida “es de números”, “es de memoria”. Uf. Veremos.

Nos encaminamos ya casi exhaustos al pabellón 4, pero nos interrumpieron unos puffs gigantes llamados “the original sitting bull” y caímos desplomados, con el bocata y el zumo de tomate para reponer fuerzas. No hay muchos lugares donde tumbarse en Essen, pero aquello fue glorioso. El puff se adaptaba a las formas de tu cuerpo con la densidad perfecta para inducir a la pereza. En fin, que costó un poco levantarse, pero al final lo logramos, no sin antes destrozar los sueños de dulce descanso de unos cuantos cientos de personas que no tuvieron la fortuna de encontrar “toros” libres.

Antes de llegar al pabellón 4 pasamos por el 6, en el que había una extraña mezcla entre juegos de miniaturas y cosplay medieval, en donde dragones, elfos y aviones de la Segunda Guerra Mundial y escenarios postapocalípticos convivían perfectamente. También había unos cuantos stands de dados, todos preciosos y brillantes como en una tienda de gominolas, pero me resistí (por el momento) a la tentación. El dado que yo quería estaba más allá, en Irondrake. Escogí uno verde de metal delicadamente ribeteado con arabescos y 10 caras (fotos cuando llegue a casa, saque la cámara buena y haya luz suficiente). No rueda excesivamente bien, pero es casi una pieza de museo.

Pasamos por Rebel a por nuestras copias prepedidas de Robinson Crusoe y The Cave (con losetitas extra). Ignacy estaba ocupado, pero conseguimos que nos firmara el Robinson. También nos explicaron un poco la mecánica y hasta nos ofrecieron dos sitios en la mesa para probarlos, pero nos pusimos tímidos y no nos atrevimos. Cuando volvía en tren a Dusseldorf con el “tomo” de quince páginas de reglas en inglés en las manos, me arrepentí sobremanera de nuestra falta de decisión.

Casi enfrente estaba el Wilderness. Los chicos de FryxGames parecían una familia muy amable, que habían hecho con ilusión su juego, pero detrás pesaban los comentarios finales del vídeo de Tom Vassel: que si no era un juego acabado, que si había cartas que lo descompensaban… en fin, que no nos terminábamos de decidir y, cuando por fin lo hicimos, eran las 7 y 10 y tuvo que correr M. a por una copia, sin firmar ni nada (con lo que a mí me gustan los juegos dedicados, firmados, numerados y todo lo que indique que son especiales y únicos).

Pasamos por delante de la Aventura en el Paso del Noroeste, pero no era un juego muy vistoso y nos seguía dando palo sentarnos a probarlo. De todas formas, aunque sea tamaño mini, sigue atrayéndome de la misma manera y posiblemente caiga en uno de esos domingos tontos en los que te apetece consumir sin salir de casa.

Por fin, de nuevo reventados de cargar con juegos, con pocas horas de sueño y con ganas de mear, nos sentamos juntos a probar un engendro llamado Dash! Casi fue más por sentarnos que por otra cosa y el juego no tenía nada de especial (era una chorrada que yo creo que aburría a su propio diseñador, que mientras explicaba estaba jugando –imaginamos que a algo bastante más divertido– en su Ipad), pero ahí estuvimos, con esa mezcla entre La Oca y el Chinchón, echando el rato, y lo cierto es que nos sirvió como calentamiento y nos entró el gusanillo de probar más juegos.

El siguiente fue el Big Badaboom, jueguillo de puteo con enanos, bombas y cartas graciosas que, a pesar de que nos lo explicaron a toda caña y no terminé de entenderlo demasiado bien, nos dejó buen sabor de boca, una muerte rápida por andar jugando con explosivos y la idea de que podría funcionar como party-game en ciertos grupos.

Con el espíritu más abierto nos acercamos al Kemet. De mecánicas sencillas y lujuriosa, obscena, indecentemente bonito, tiene un punto al Cíclades pero sin las apuestas a los Dioses y parece que promete, aunque la partida que echamos a 5 VP terminó un poco así como coitus interruptus y no nos dio tiempo de meternos realmente en el juego. M. se quedó pensando en comprarlo, pero pesaba mucho, será fácil de encontrar después de Essen, la experiencia de juego fue incompleta, y bueno, tampoco nos sobra el dinero, así que renunció por el momento. Ojo, sólo por el momento. A tres adjetivos como los que daban comienzo a este párrafo es jodido resistirse.

Después probamos el River Dragons. Es un juego sencillito, donde tienes que ir trazando puentes de una isla a otra y luego cruzarlos. Disfruté muchísimo la partida,  tenía su punto de estrategia, su punto de sorpresa, su puntazo de puteo, era muy bonito de ver y muy agradable de jugar. Si lo llego a probar por la mañana, con el dibujante dedicando ejemplares, y M. mirando para otro lado, caía seguro. Es un juego que va a gustarle a todo el mundo, a jugones y a casuales.

Tras unos minutos de duda agónica: ¿Kemet, Yedo o Wilderness?, razones de bufón nos llevaron al Wilderness y las mismas razones de bufón nos están dictando otra visita… mañana… después de enviarnos las compras por correo, para seguir jugando, probando, comprando. Pero al bufón también hay que saber callarle la boca antes de  que pierda la gracia.

Etiquetado , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: