Las armas y las letras

Foto de M.

Hacía tiempo que, cuando le decía a M. –¿qué te apetece? –él me contestaba indefectiblemente –Un Mage Knight.

Lo decía medio en broma, medio en serio. Medio en serio porque realmente le apetecía y medio en broma porque a ver quién es el valiente que se acuerda de todos los detalles de las reglas. Habíamos jugado dos veces al Mage Knight: la primera fue de prueba para aprender; la segunda fue un completo desastre porque entramos a pecho descubierto y sin repasar, sin hacer los deberes, como el niño confiado que sabe que sacará un examen pese a no haber estudiado porque es listo y porque los dioses están de su parte. Después de esa segunda vez volví a leer las reglas. Justo después, justo como el niño de antes que, una vez que ha salido del examen, busca como loco a sus compañeros para comparar respuestas y se afana por mirar el libro. Tarde. Demasiado tarde. Sin embargo no hay que subestimar esos momentos en los que te das cuenta de tu error, porque cuando has cometido un error y te avergüenzas y te haces consciente de él, es muy probable que tardes en volver a cometerlo.

Mage Knight me pareció un juego hermoso desde el primer momento, pero ya sabía a lo que me enfrentaba. Sabía que sus detalles (más que un juego complejo yo diría que es un juego detallista) nos superarían en más de una ocasión y que tendríamos que esforzarnos al máximo para darle al juego todo lo que el juego nos daba a nosotros.

Después de la campaña coperativa en la que no llegamos ni a conquistar la primera ciudad, nos adentramos en otra similar, cooperativa y con ciudades, pero que prometía ser más fácil. 2 días y 2 noches. Eso era todo. Y válgame el cielo que en este juego puedes sentir la claridad del día y la oscuridad de la noche, puedes sentir cómo pasa el tiempo a medida que juegas cartas y puedes hacerte plenamente consciente de los cálculos necesarios para llegar al final.

Era una campaña coperativa, es cierto, pero entre M. y yo siempre hay un cierto pique de a ver quién consigue más fama y quien deja más cadáveres a su paso. Yo me aposté en la silla, con el rulebook en una rodilla y el walkthrough en otra, cogí a Goldyx, un dragón que lleva un libro en su mano y me dispuse a ir poco a poco pero con paso firme, venciendo a enemigos sencillos primero, luego reclutando, luego yendo a por los grandes. Sin embargo mis enemigos no eran tan pequeños como prometían, de repente sacaban la fuerza de un dragón y me dejaban sin heridas –pues esta vez me protegí como dios manda– pero sin opción de vencerlos en un solo turno.

M., fiel a su cariño por los jinetes oscuros, cogió a Tovak, que lo conducía directamente hacia la gloria, se hizo con un castillo y, casi sin despeinarse, llegó a las puertas de la primera ciudad. Apenas había pasado un día y una noche y su fama crecía, sus tropas se iban haciendo más grandes y le seguían con una fidelidad insultante y había adquirido habilidades que a veces hasta se olvidaba de utilizar, tan poca era la ayuda que precisaba para derrotar a los monstruos.

Me dijo que dejara lo que estuviera haciendo, que tenía que ir con él a conquistar las ciudades. A regañadientes le hice caso. La verdad es que no me necesitaba, la primera ciudad la conquistó solo y en la segunda le tuve que mendigar que me dejara un enemigo para no sentirme como que estaba jugando realmente el juego de otro y no el mío propio.

Imaginaos la escena: Tovak junto a la ciudad, atacando con su espada. Goldyx justo detrás de él, con su libro; M. sacando todo su arsenal de siege attack y range attack y ataques de fuego y hielo, yo leyendo párrafos enteros de las reglas para demostrarle que no podía hacer todo lo que le viniera en gana. Ese era mi juego, el fiscalizar detrás de su hombro, recordándole lo que podía y lo que no podía hacer No, ya has usado maná de la reserva. Sólo puedes usar un dado por turno. Si no es de noche no puedes usar el hechizo en su versión potenciada. Sólo puedes hacer ataque a distancia si con eso te cargas al monstruo. A éste necesitas bloquearlo con el doble. Si usas una unidad con este otro va a morir. Y él siempre la misma pregunta ¿Por qué?  y yo siempre la misma respuesta Porque lo pone aquí. Porque lo dice Chapati (en casa llamamos cariñosamente así a Chvátil) y lo que dice Chapati va a misa. Lo más curioso de todo era que entre todos esos pequeños detalles no había ninguna duda, ni había nada que se pudiera interpretar de varias maneras, nada que me hiciera saltar del asiento en busca de foros y faqs. Tenía mi libro, mi libro era poderoso y no necesitaba pociones ni comodines del público.

Nos reímos de la situación. Nos reímos de nosotros mismos y de nuestros propios personajes, sobre todo del mío, con su enorme libro de reglas recordándole a su compañero cómo no se podía combatir. El turno en el que M. conquistó la primera ciudad fue eterno. No sé cuanto duró porque estaba viviendo en el tiempo de la fantasía, pero sé que cuando lo hizo por fin, dijo “y ahora a acostarse que son las 2”. Las 2. Cómo era posible que fueran las 2. Dejamos la mesa tal como estaba y al día siguiente le dije a mi alumna de latín y griego que disculpara, pero que sólo podíamos usar una esquinita de la mesa, que estábamos a punto de vencer a la segunda ciudad y que no podía recogerlo hasta entonces.

Esta segunda ciudad le costó más. Las murallas eran infranqueables y los monstruos que la custodiaban temibles. Pese a todo siguió adelante, con heridas, con unidades muertas y con Goldyx susurrándole las reglas de combate, pero siguió adelante. Ya lo he dicho, tuve que mendigar un enemigo para hacer algo más que revisar sus jugadas a ver si cumplían todos los requisitos. Vencimos antes de que cayera la noche, no sé si como un equipo, pero sí sé que cada uno con un papel, él la espada, yo el libro de reglas, alejados en el marcador de los puntos de fama, pero unidos en el juego, de alguna extraña manera, como si cumpliéramos algún designio arcano, como si el orden del mundo, pese a todo, estuviera restaurado.

Tal vez tuvo algo que ver la banda sonora que pusimos a nuestras aventuras o que en una batalla son tan importantes las armas como las letras y eso sí que no es bueno olvidarlo.

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4 pensamientos en “Las armas y las letras

  1. luispe dice:

    Magnífica entrada. Cada vez tengo más hype con este juego, he tenido que vender un juegazo para poder adquirirlo, estoy pendiente de pedirlo. Me gustaría ver la cara de tu alumna al ver aquello allí montado

  2. Lethan dice:

    ¡Genial entrada!

    Nosotros hemos jugado 3 partidas (1 al introductorio y 2 al escenario de conquistar largo), y en todas tuvimos esa sensación de “¿Pero cómo van a ser las 6 de la mañana?”. Para mí es lo que deja claro que el juego es una pasada.

    Sobre el resto, yo todavía no he llegado a darle clase a mis alumnos con el juego montado; tuvo que quedarse loquísima al ver semejante fregado allí montado xD

    En fin, que es un juegazo, y Vlaada es mi pequeño dios 🙂

    Un saludo!

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