Archivos Mensuales: octubre 2013

La balanza de Essen

Antes de una historia más detallada sobre nuestro paso por la meca del juego, vamos con algo que se suele hacer después de cada viaje: sopesar lo bueno y lo malo, enorgullecerse de lo que se ha hecho bien y tomar buena nota de los errores para no volver a cometerlos otro año, poner en una balanza lo positivo y lo negativo y así quedarse con una visión certera de lo vivido y jugado.

Cosas que hicimos bien este año:

–Ir dos días en lugar de uno. El primer día apenas nos dio tiempo de nada y el sábado tampoco estaba tan lleno como nos hicieron creer.

–Planificar bien los juegos que queríamos ver, imprimir los planos, graparlos por halls y señalar los booth en donde estaba cada juego. Nos ahorró un tiempo precioso.

–El hotel: El Ibis nos quedaba muy cerca de la estación, no nos salió caro (gracias a la página extraña en donde lo reservamos) y era muy agradable y funcional.

–Llevar dinero en efectivo. Allí prácticamente en ningún puesto te aceptan tarjeta de crédito.

–Comprar bocadillos antes de entrar en la feria. Allí toda la comida era carísima.

–Comprar batidos de fresa en la frutería para desayunar. Poder desayunar un batido de fruta fresca no tiene precio.

–Probar los juegos que nos interesaban. Fuimos pacientes y esperamos para probar los juegos que habíamos señalado previamente, en lugar de sentarnos al azar en mesas vacías. Eso nos hizo descartar muchas compras y probar mecánicas diferentes.

–Resistir la tentación de comprar el Serpent’s Tonge. Era un juego precioso con un libro muy currado para lanzar hechizos y además te daban sobres gratis pero, siendo sinceros con nosotros mismos, nunca lo íbamos a jugar.

–Hacer una compra en AEG Entertainment. Sólo compramos un filler minúsculo (el Cheaty Mages) y nos regalaron una bolsaca gigante que nos vino muy bien para llevar el resto de juegos.

–Comprar muchos fillers. Nunca estorban en la ludoteca y es una oportunidad muy buena para comprar juegos baratos y novedades.

–Quedar con Black Meeple y la gente de los blogs: fue una “velada encantadora”, que diría un cursi. Recibimos mucha información sobre juegos y fue muy agradable conocerlos y compartir nuestra pasión.

–Saludar a África, de Vedra Games. Tenemos un amigo común, Cristóbal, el más fiel de nuestro grupo, que va a convertir su juego de mesa en un juego de rol. Al principio nos daba un poco de vergüenza saludar, pero fue muy simpática con nosotros y nos ofreció una visión de Essen desde el otro lado, el de los diseñadores, ilustradores y editoriales. Tengo ganas de verla otra vez para la presentación de la Caja Negra de La Marca del Este.

Cosas que mejorar para el año que viene:

–El hotel Casa Emilio de Murcia. No era caro, es verdad, pero estaba atestado de mosquitos y la habitación no era nada agradable. Mejor pagar 10€ o 15 más.

–No preordenar todos los juegos de Japon Brand. Se agotan enseguida y la verdad es que nos encantan esos chorrijuegos japoneses. Me quedé con pena del “Machi Koro”, sobre todo después de que uno de nuestro hotel nos dijera que el juego era una genialidad.

–Comprar la bebida dentro de la feria (nos soplaron 7 euros por dos refrescos). El segundo día aprendimos la lección.

–No comprar a tiempo The Study in Emerald. Decidimos dejar las compras para el último momento para no ir cargando con las cajas y, cuando por fin fuimos a por él, ya estaba agotado.

–No comprar el Blocks in the West. Seguro que lo encontramos más tarde, pero estaba allí el diseñador, que nos lo explicó maravillosamente y nos lo podría haber firmado.

–Comprar el Tash-Kalar sin probarlo. Había copias de sobra y además habíamos preordenado la nuestra. Igual hubiera estado bien probarlo e incluso esperar a que saliera en español (Homoludicus lo va a publicar).

–Comprar el Legacy sin probarlo. Aún está por ver si fue un error o no, pero la verdad es que la temática y la falta de interacción hacen que este juego haga torcer el gesto a nuestro grupo.

–Olvidar mi sobre con papeles en la feria. Gracias a dios fue el segundo día y ya no los necesitaba, pero me puso muy nerviosa habérmelo dejado. Sería bueno llevar un bolso en bandolera para poder meterlo y sacarlo con facilidad porque, como llevaba mochila, al final siempre lo tenía en la mano y, con las prisas de la última media hora, se me quedó en la feria.

–No preocuparnos del cambio de hora y tener que esperar el Shuttle hasta que las tres de la mañana volvieran a ser las tres de la mañana.

Sí, unas cuantas cosas negativas, pero ha sido una experiencia intensa y emocionante, que esperamos volver a repetir en años venideros. En una semanita o así os contaré todos los juegos a los que perdí en la feria y uno al que gané, que las excepciones también importan.

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Aventuras previas

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Nada hacía adivinar la dulzura de nuestra llegada. Tarde de agobio, trabajo, clases yo, ordenador M., casa en estado de apocalipsis, plagas a medio eliminar. Después un viaje en tren con aire acondicionado como si fuera pleno agosto y un hotel desastroso en Murcia. Habitación entre violeta y azul, olor fuerte a alcanfor y lejía, un extraño ser con voz aguda, chepa y sin barbilla nos tomó los datos. La Real Sociedad se metió un gol en propia puerta. Tomamos una pizza grasienta y sin ganas y después nos dedicamos a intentar matar uno a uno todos los mosquitos de la habitación. Cuando llegamos a 7 bajé a pedirle a otro recepcionista (al anterior se lo había tragado un libro de Lovecraft, seguramente) un insecticida. No era lo más recomendable para el amago de bronquitis que tenía, pero era o ellos o nosotros, así que rociamos y seguimos matándolos. Cuando llegamos a los 12 me dormí. M. no pudo.  Así que tras poco más de una hora de mal sueño nos fuimos a coger el autobús.

Una vez dentro el bus se retrasaba más de la cuenta. Un jovencito (sí, tengo la edad suficiente para llamar a alguien “jovencito” ¿algún problema?) correteaba nervioso arriba y abajo. No encontraba su cartera. Alguien se la había robado del bolsillo de su abrigo. Miró mejor y encontró la cartera, pero sin dinero. Ahí mismo en el suelo del autobús. Llamó a la policía, pero no podían hacer nada. Los billetes no tienen dueño. Así que durante una hora viajamos con un ladrón y su víctima, como si de una historia de Sherlock Holmes se tratara, aunque esta tenía menos glamour y no conseguimos dar con el culpable.

Llegamos in extremis a la facturación, que tuvieron que reabrir para nosotros, me cachearon, corrimos y conseguimos por fin sentarnos en el avión. Eso sí, los del mini-bus a Essen nos confirmaron que nuestra reserva NO estaba confirmada, así que no tuvimos más remedio que coger el tren.

Al final ni tan mal, nos ahorramos 8 euros y sí, nos llevó media hora más, dos transbordos y una encarnizada discusión sobre si habían pasado cinco o seis estaciones, pero al final llegamos sanos y salvos, en el Hotel aceptaron nuestra reserva de la página extraña (skoosh para más señas, por si tenéis problemas para encontrar hotel) y nos acomodamos en una habitación que nos pareció tremendamente agradable y tremendamente falta de mosquitos, vista la experiencia anterior.

Nuestro faraónico plan de ir hoy a la feria se vino abajo y se vio sustituido por otro plan de una larga larga siesta. Después dimos una vuelta por la ciudad. No es una ciudad muy turística, es más bien un lugar en donde vive la gente cómodamente. Eso nos gusta, los lugares agradables para tomar algo, la iluminación suave, las tiendecitas cucas, las librerías de tres pisos en donde existe un verdadero culto a la lectura y a todo lo que la acompaña –es decir, el té, la escritura, la cocina, el chocolate– y las fruterías callejeras en donde te puedes comprar batidos frescos.

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El hotel está a rebosar de gente jugando (o preparando, como nosotros, el itinerario para mañana). Hemos paseado entre las mesas con los dientes hasta el suelo. El tablero que más me ha llamado la atención es el del Francis Drake. Dios, qué precioso es ese juego, qué mapa, qué barcos, qué ganas de probarlo mañana. También hay un tipo con su propio prototipo. Se llama “dolphins tale” y consiste en ir coleccionando escamas del pez de tu color. El tablero es un delfín gigante (unos 6 u 8 din-a 4) pintado de arco iris. Encima hay delfines de colores. No sé mucho más, pero tiene pinta de ser una rayada de juego. No creo que nos gustara demasiado.

Nada más por ahora que tengo mucho trabajo antes del gran día. Seguiremos informando.

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