Los niños y las niñas

Los niños juegan con coches y con tanques. Las niñas juegan con muñecas y trenzas. Los niños juegan con balones. Las niñas juegan con carritos. Los niños juegan a pegarse. Las niñas juegan a contarse secretos. Son muchos años haciendo lo mismo, jugando a juegos muy distintos como para que no llegara a causar ningún impacto. De pequeña era mi hermana la que quería coches. Ninguna de las dos quisimos pelotas. Una vez que jugué a pegarme acabé con un ojo morado y con mi madre en el colegio echándole la bronca a un niño que se llamaba Marcos y que a partir de entonces y para el resto de mi vida llamé “El Gilipollas” y al cual dejé de hablar, a pesar de que intentó disculparse –a su torpe manera– porque las niñas jugamos muy bien a la venganza.

Es diferente entonces cuando vienen las niñas a casa. Preparo té y pasteles porque me gusta que me digan lo rico que está todo, me gusta que recuerden el momento y las niñas sabemos recordar eso, porque hemos jugado a tomar té y pasteles desde que éramos muy pequeñas. Cuesta más sacar juegos, las niñas no quedamos para hacer cosas, quedamos para jugar a hablar, para conocernos, para contarnos, para jugar a solucionar la vida de las otras, para jugar a enamorarnos de los novios de las amigas y jugar a odiar a quienes las ofendieron. De todas formas se han ido acostumbrando poco a poco, y ya conocen alguno de mis juegos y es más fácil. Los niños en cambio no hablan. Es decir, sí, sí que hablan. Hablan de la última película de Ridley Scott o del décimo capítulo de la tercera temporada de Breaking Bad, hablan del Himalaya, o de Roma, pero hablan en los ratos libres, una vez empezada la partida. Los niños tienen sed de sangre, quieren matar al dragón, matar a todos los dragones que existieron alguna vez o matar al mismo dragón de nuevo, porque saben que no morirá nunca.

Los niños tienen más paciencia. Te pueden escuchar durante horas la larga explicación de las reglas. Los niños están acostumbrados a las reglas. Las entienden, las asumen, las recuerdan. Las niñas quieren jugar sin nada que interrumpa, quieren que la tarde fluya como el té, liviana y dulcemente. Las niñas eligieron el Fauna. Los niños eligieron el Wiz War. A las niñas les gustan los animales. Nos han enseñado desde pequeñas a amar a los animales, a acariciar perritos y gatitos y bebecitos humanos, envueltos en diminutivos mulliditos y tiernos. Los niños quieren tener poder. Los niños han jugado a tener poder. Los niños quieren lanzar hechizos, poner trampas, robar tesoros. Mis tesoros se fueron pronto. Los niños no tienen piedad. Yo tampoco tengo piedad. A veces soy brutal cuando juego y pienso en lanzar no sé, una bomba, un ataque nuclear, algo memorable. Los niños olvidarán la pizza y la coca-cola. Los niños no olvidarán los ataques memorables. Aquella vez que me cargué el tanque de agua en el segundo turno o cuando acorralé a los Lanister o esta vez, sólo que esta vez me salió el tiro por la culata, contra-hechizo y un montón de maná desperdiciado inútilmente y claro, una lo sabe, una ya lo ha dicho, que la discreción es la clave de este juego y luego va y suelta esa bomba, que le explotó en las narices. La maguita listilla se quedó dando vueltas mientras su archienemigo y sin embargo amado M. se cubrió de gloria. Pero la niña, la de los muffins de Jamie Oliver y el oolong en perlitas de ginseng avanzó con sus pequeños animales, gritando y riendo, porque sí, también hay que jugar a la foca y el galápago, y batió sus palmas cuando llegó al final, sin pena alguna porque no es un juego cruel. Es un juego opuesto a la crueldad, si es que hay algo opuesto. Supongo que sí, la amabilidad es lo opuesto y Fauna es un juego amable. No sé a qué esperan a sacar una expansión. Todas las niñas que han venido a mi casa adoran ese juego.

Las niñas trataron de jugar al Coup, pero no terminó de resultar. No sabían mentir ni querían matarse. A las niñas no nos han enseñado a matar, nos enseñaron a cuidar las unas de las otras y eso, mejor o peor, es lo que hacemos. Hubo que terminar en tablas. Ante tal fracaso sólo había un juego que podría salvarme, el juego más tierno, dulce, amable y cariñoso de la historia: El Dixit. Los niños en cambio nos enfrascamos en el Clash of Cultures, sin demasiada violencia pero con una guerra fría que se iba extendiendo por el territorio a punto de estallar.

Mi versión del Dixit (la tercera) no les gusta a las niñas. Dicen que las cartas son muy tristes y oscuras. Tienen razón. Son tristes. Son oscuras. A veces las niñas son demasiado sensibles a las oscuridad porque de pequeñas jugábamos a que teníamos miedo y claro, luego ocurre que llega un momento en que tienes miedo de verdad y ya no te gusta el juego pero ya es demasiado tarde. Debería comprar el Dixit 2, el de las cartas bonitas y alegres y mezclar ambos, para que las niñas no se asusten, para que puedan ir a la cama soñando con los angelitos y con naranjas dulces. Los niños desarrollamos la estrategia lo mejor que supimos, la verdad es que es un juego con muchísimo sentido, en donde realmente ves a tu civilización crecer y progresar. Ganó M. también, gran triunfador de la noche, pero no pudimos pelear porque se hacía tarde y tuvimos que acortar demasiado la partida. Sin embargo los puntos que tuvieron más mérito fueron los de Cerezo, que metiendo 3 barcos en un lago minúsculo y paseando a un colono hasta el otro lado del mapa sólo se quedó a 3 puntos del ganador. Las cartas objetivo pueden significar una gran diferencia, no lo olvides. Yo quedé subcampeona –nadie se acuerda de los segundos– con la conciencia tranquila de haber entendido muy bien el juego y haber jugado bien.

A los niños les gusta irse a la cama pensando en batallas, en un barco pirata o en el centro del campo del Santiago Bernabeu. A las niñas les gusta dormir pensando en playas, amores y laureles. Las niñas durmieron bien esa noche, con el Dixit titilando bajo sus retinas, acunando sus sueños. Los niños durmieron bien esa noche, pensando en sus siguientes movimientos, en sus territorios, en sus ejércitos, en un futuro de sangre y gloria.

Yo lo recogí todo, la noche de los niños, la noche de las niñas, y las empaqueté muy bien bajo mi almohada. Me gustan los niños y las niñas. Soy un niño y una niña, una niña que sueña con cuentos y caricias, un niño que quiere ver castillos arder bajo su ira. Si un día pudieran sólo eso, jugar los niños a ser niñas, jugar las niñas a ser niños y jugar todo juntos, como si no hubiéramos jugado nunca hasta ese preciso instante, como si estuviéramos aprendiendo ahora, con el amor y el odio que exige cada juego, con el amor y odio que precisamos cada uno. Cada una.

(Me perdonan ustedes la falta de fotos en esta entrada, ocurrirá muy pocas veces más, se lo prometo. Está el fotógrafo de viaje y una sola no sabe, no se atreve, no quiere. Por favor, perdóneme, lo pido humildemente).

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22 pensamientos en “Los niños y las niñas

  1. Javier ortiz dice:

    Pues no estoy de acuerdo. No me ha gustado nada este ¿relato?

    Tal vez con otra estructura donde quedará más clara la idea que pretendes comunicar me hubiese gustado. Aunque no esté de acuerdo con esa idea.

    Tengo mucha experiencia jugando con niños y si algo he aprendido. Es que no se puede generalizar. Cada niño es especial y único y piensa de una manera personalizada. No se le puede aplicar ningún estereotipo porque lo que etiqueta a unos pocos no vale para el resto. Y sin entrar en la diferencia niño niña .

    • maquiavela dice:

      Vaya. En realidad pretendía ser una crítica a cómo nos educan para que vivamos de diferente manera según el género y cómo se pueden romper estos esquemas a través de nuevos juegos. Siento mucho que no se haya entendido, pero gracias por tu comentario.

    • Seda dice:

      Yo si que veo un reflejo real de lo que se escribe. Pero para ello hay que entender ‘niños y niñas’ en este articulo como una diferenciacion de sexos que realmente no alude a la edad de los mismos.

  2. Kim Dorca dice:

    Me has dejado de pasta de boniato! Menudo post!
    Plas, plas, plas, plas, plas, plas!!!!!
    Gracias por poner en palabras lo que los niños sabemos acerca de las niñas y no logramos explicar porque estamos recordando la muerte del último dragón mientras intentamos mear más lejos que nuestro mejor amigo!!!!
    🙂

  3. Seda dice:

    Fabulosa redacción. Así se escribe en un blog de verdad.
    Me ha encantado, y eso que me ha costado leer lo que realmente se contaba.

    • maquiavela dice:

      Ya, es que me puse en plan monólogo interior mezclando en un solo relato experiencias diferentes de días diferentes como si las estuviera viviendo a la vez. Vuelvo a disculparme como con Javier porque pensaba que estaba mucho más claro. Muchas gracias por tu comentario 🙂

  4. Pues es cierto que la sociedad nos educa de manera tendenciosa, con rosa y azul.

    Y con eso, como tú dices en este post hay que acabar o, al menos, eso lo digo yo, trabajarlo y luchar para que cambie.

    No obstante, como padre de dos niños de 6 y 4 años y tío de una niña de 3 os digo que hay cosas que son inherentes al sexo con el que se nace.

    Vamos, que por mucho que debamos acabar con los estereotipos y la cultura del patriarcado que nos ampara, habrá rasgos masculinos y femeninos que están ahí. Y no se pueden evitar.

    Me explico: he procurado que mis hijos tengan (y tienen) muñecas y dragones, pelotas y animalitos, princesas y guerreros… pero se ahostian como no os podéis imaginar y tienen tendencia natural a la competición, a la brega, a ver quien es más animal. Huyen del rosa y de las princesas. Todo lo contrario que mi sobrina.

    Como educador social insistir en que hay que trabajar para destruir la cultura patriarcal de nuestra sociedad y generar una cultura igualitaria. Eso es lo que llamamos coeducación.

    Gran post Sibi.

    Un abrazo

    • maquiavela dice:

      Puede ser cierto, Black, pero sólo hasta cierto punto. La educación que la sociedad ejerce sobre nosotros es a veces muy sutil y difícil de detectar. En los niños se premian inconscientemente valores diferentes que en las niñas y copiamos patrones que vemos sin darnos cuenta.
      La coeducación es uno de los elementos más importantes, como tú señalas. La gracia está en romper de vez en cuando esos patrones, aunque sea para ser conscientes de ellos.

      • Está claro. Si yo justamente digo en mi comentario que eso existe.
        Creo incluso que no es ni sutil en la mayoría de casos.

        Lo que digo es que existiendo ese problema social de diferenciación y desigualdades, hay algo que es innato. Y te aseguro que este argumento no lo acababa de entender hace seis años, justo antes de que naciera mi primogénito.

        Pero los dos son muy niños (en el sentido masculino de la palabra) y en casa han recibido una educación muy “asexuada”.

        Vale que también está la escuela, la tele, etc. Pero lo que han mamado en casa es sin diferenciar y aún así ha salido lo “masculino”.

        Por mucho que a veces se olvide hay un factor genético que no se puede olvidar.

        Justamente la coeducación es educar en y para la igualdad sin olvidar las diferencias entre los sexos. Ser diferentes no tiene (ni debe) por qué querer decir ser educados diferentes ni tener derechos o roles diferentes. Pero hay que conocer la diferencia para trabajar por la igualdad.

        Quienes hemos trabajado en y con la coeducación sabemos que esa es una premisa básica que a veces se olvida.

        Siento la chapa, pero me ha gustado el post y el tema.

    • maquiavela dice:

      No me deja responder en tu otro comentario, y sí, estoy totalmente de acuerdo contigo en que sólo se puede llegar a la igualdad desde el respeto por las diferencias. Sólo hay que vencer el miedo a hacer o sentir diferente a lo que se espera de ti o hacer exactamente lo que se espera de ti porque quieres hacerlo. Muchas gracias por aportar tu experiencia como padre y educador, que son ambas importantes :).

  5. Neiban dice:

    Curiosa entrada.
    Verás, no voy a decir que no me ha gustado nada, como decía antes Javier, pero en general no me ha gustado. Y ojo que suelo leer tu blog y conozco tu estilo, pero ¿cómo decirlo? es como si esta entrada tuviese otro estilo diferente al habitual.
    Leyéndote me has recordao al personaje protagonista de una serie que odio. Quizás me haya podido eso xD

    Un saludo! pese a lo dicho (que es por supuesto tontuna mía), sigue con estas reflexiones 😉

  6. Eskizer dice:

    Felicidades por la entrada, me ha gustado mucho. Un saludo

  7. Lev Mishkin dice:

    estupenda entrada. Lo curioso es que yo la he encontrado 100% maquiavela. y el mensaje es muy claro (y punzante).

  8. farko dice:

    Magnífica entrada que no se justifica con un simple “Me gusta”.
    La historia y la fijación de distintas doctrinas a determinados sexos contándolo en una tarde de juegos… me dejas ojiplático y agradecido de ver cosas tan geniales escritas por esta red lúdica.
    Keep going 😉

  9. Javier ortiz dice:

    Aunque no me haya gustado, me has despertado interés. Sino, no habría llegado al final…. por supuesto que no se puede agradar a todo el mundo, pero mira tu por donde, has generado un mini debate. Enhorabuena.

    Mi experiencia es que teniendo 4 niños como tengo, y 11 sobrinos… independientemente del sexo, de tus esfuerzos en educar igualitariamente, de aplicar las técnicas que te funcionaron con unos pero fallaron con otros… cada niño sale por donde quiere. Son tantos los factores que influyen en un niño. .. que es imposible generalizar. Aunque des la misma educación. .. ellos tienen la capacidad de absorber unas enseñanzas u otras según les guste.

    Lo que suele funcionar muchas veces es el imitar a los niños mayores…. si mi hermano grande lo hace, yo también. .. .

    Hasta que te salga uno independiente y se dedique a reforzar su personalidad precisamente haciendo lo contrario a lo que ve en sus hermanos….

    Lo bueno de los juegos de mesa es que hay para todos los gustos… con unos niños juego al dixit, con otros a heroquest…. pero totalmente independiente del sexo del niño. Veo las mismas conductas en niños y en niñas.

  10. mordamir dice:

    Gran post. De esos que te hace reflexionar como padre. Enhorabuena.

  11. Hernan dice:

    Muy bien escrito, muy evocador, felicitaciones y sigue por favor ensalzando nuestro vicio

  12. M. dice:

    Qué decir, mi querida maquiavela. Magistral. Profundo. Faulkneriano (a tu manera). Pero no haced ni caso. Educad a vuestras niñas con gatitos y sueñecitos de princesita y a vuestros niños con dragones, espadas y ciudades ardiendo. Porque no hay peor maldición (o bendición) que temer sobre un tablero a un niño y a una niña a un tiempo 😛

  13. Urko dice:

    Muy bueno , dare las gracias al retweet que hicieron de tus intenciones que me ha hecho conocer un nuevo blog, a mis rss vas, la verdad es que es complicado coeducar, pienso en mi niña que tiene de todo, coches , garajes, construcciones. princesas, pinturas, juegos de mesa variados. Pero nuestra sociedad empuja incluso más que los deseos de unos padres. Ahora vio legos y claro a tirado al friends… no se puede competir. Quiso su habitación lila y le encantan los vestidos. Pero claro si sale con un chandal nadie la mira. Si sale con un vestido medio barrio le comentara lo guapa que esta. Con las niñas de su clase hablan de la princesa sofia. Aun puedo dar gracias que le encanta mirar conmigo el dinotren y erase una vez la vida , porque es curiosa y le encanta saber cosas. Pero en fin es complicado… ir contra corriente. Pero jugar a ser un niño me lo quedo como concepto. Y sino como dice ella cuando alguien se obsesiona con algo. “Tot es relatiu”.. Trad Todo es relativo.

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