¡Alerta!

No era el mejor móvil del mundo. En realidad era un aparato bastante frustrante. La mayoría de programas se colgaban y algunos ni siquiera llegaban a abrirse. A veces tardaba unos 3 minutos desde que dabas a llamar y la llamada se ejecutaba. Nada aconsejable para urgencias. La cámara tampoco era ninguna maravilla. Normalmente tenías que pasar las fotos por algún filtro sepia para poder enseñarlas. Quiero pensar que fue por esas razones y no por despiste, por falta de atención, por la que lo dejé olvidado sobre la mesa de la terraza de aquella cafetería en Murcia. La pena duró poco, M. decidió ingresarme su regalo de reyes en mi cuenta, y con eso y el que me había ingresado mi padre nos metimos en la fnac y tardé unos 15 minutos en decidirme por un phablet 5HD a buen precio del que no había leído una sola línea.

Sin embargo no podemos olvidar el despiste, pues ni todo el desapego del mundo habría hecho que una persona no despistada se dejara su móvil sobre una mesa de una terraza de una cafetería. Me lo decía siempre mi madre cuando era pequeña,  con aquella frase de Confucio “cuando como, como”. Y sin embargo ahora estamos cada vez más acostumbrados a hacerlo todo a la vez y a no hacer ninguna de las cosas con entrega: comemos mientras vemos la tele, trabajamos mientras actualizamos el facebook, hablamos mientras contestamos mensajes. Estamos en todos los sitios y en ninguno a la vez. Si tan sólo pudiéramos dedicarnos a lo que estamos haciendo en cuerpo y alma, completa y conscientemente, eliminaríamos gran parte de nuestra ansiedad y estaríamos más sanos y felices. No es importante la naturaleza de la acción que estás realizando, sino la atención con la que lo haces.

Processed with VSCOcam with k2 preset

Mi reflejo al acecho del donburiko

Esta verdad se vuelve evidente cuando nos sentamos a la mesa para jugar, y el juego que lo demostró no podía ser más sencillo: Donburiko, una tontería de juego en el que tienes que coleccionar bellotas para que sumen siempre 6 o menos de 6. En el juego primero se colocan tantas cartas boca arriba como jugadores, después por turnos se colocan nuevas cartas boca arriba o boca abajo o se coge una fila de al menos dos cartas. Un fallo de novato suele ser prepararte tu propio Donburiko (6 puntos exactos) y rezar para que nadie se lo lleve hasta que te vuelva a tocar. Alguien se olerá la tostada y te robará el Donburiko y en cuanto alguien canta Donburiko se termina la ronda y nadie más coge nada.

Juan Cruz cayó en la trampa, se hizo un Donburiko antes de mi turno y entonces yo me sentí lista y afortunada, y se lo quité y le hice una foto y me dediqué a prepararla para subirla a twitter y pavonearme de mi triunfo y de mi astucia. Pero claro, la partida seguía, yo estaba con el móvil y me volvía a tocar. Solté una carta sin apenas pararme a contar, pensando que estaba haciendo una fila de 5, que dejaría a M. aplacado y me permitiría ganar algunos puntos que necesitaba para ganar. Pero no era de 5 la fila, era de 6, y la astuta quedó como una tonta, quiso corregir el error pero no la dejaron, porque en esta casa no se le permite jamás corregir errores y en realidad a nadie le gusta que estés con el móvil durante la partida, aunque sea para hacer fotos.

Después estuve más templada con el Chinatown, el juego de negociación que compramos “por culpa” (o gracias a) la reseña de Black Meeple. Pensamos que iba a ser más de puteo, pero en realidad se trata que conseguir tratos que dejen satisfecho a todo el mundo, aunque al final beneficien más a unos que a otros. Mis largas horas viendo programas de “subasteros” unidas a mi experiencia en esta tierra, donde la negociación es algo cotidiano incluso entre amigos, hicieron que cerrara tratos tremendamente ventajosos como si estuviera haciendo favores y concesiones. Mi hermana no ganó pero creo que fue uno de los juegos que más disfrutó de su visita. Desde siempre le ha encantado ser la banca en todos los juegos, manejar el dinero, comprar y vender, acumular riquezas. Fue muy ambiciosa, pero necesitaba demasiado de los demás, y en este juego –como en la vida– es terrible necesitar a los otros, pues quedas a expensas de su buena fe o sus deseos de extorsionarte. M. se guardó muy mucho de negociar conmigo.

Processed with VSCOcam with c1 preset

Al día siguiente hizo una lista de los juegos que le gustaban de mi casa. Básicamente todo, menos el mansiones de la locura, que se ganó uno de sus peores cabreos cuando no podía decir a los otros los movimientos que ella había pensado para resolver el puzle. Sólo falta que los ordene de más a menos y dé algunas razones y os trasladaré aquí su lista.

Processed with VSCOcam with k1 preset

Cómo unas manos tan delicadas pueden tener tal pasión por el asesinato

No tuvimos mucho tiempo para jugar, pero sí cayeron algún Love letter, un par de Colorettos, algún rato al Jaipur y al Glastonbury y unos segundos al Timeline (no se puede jugar a este juego con gente tan culta como mi hermana y mi cuñado. No se equivocan casi nunca y va demasiado rápido). Mención especial requiere el Coup, un juego que pensé que mi hermana iba a odiar y sin embargo le encantó y el Cheaty Mages, que no le gustó nada pero nos regaló algún que otro momento climático de esos en los que la balanza cambia de golpe. Y cómo no, el River Dragons, en donde se las ingeniaron de nuevo para dejarme acorralada en mi pequeña isla sin escapatoria posible.

Processed with VSCOcam with f1 preset

Y por último el primero, el juego que lo inició todo, el que nos hizo meternos a coleccionar cajas y a dedicar gran parte de nuestro tiempo y nuestro espacio al mundo de los juegos: El Talismán. Hay pocas cosas tan entrañables como juntarse con familia y buenos amigos (en este caso un buen amigo) en Navidad y aventurarse por esos tres anillos. Al principio pensaba que era un juego tan sencillo que era prácticamente imposible que a alguien no le gustara. Pero es cierto que requiere paciencia, mucha paciencia y gusto por la temática de fantasía, y no todo el mundo cumple los requisitos. Intenté ser buena. Era la última noche y no quería arruinar nuestra partida de Talismán navideña. Pero claro, me tocaron un par de hechizos para robar, parar y atacar y, sí, al final los usé. Le quité el hacha a M. y me fui con mi druida silbando hasta la región intermedia.

IMG_20140112_175822

Juan Cruz había acumulado astucia de sobra para llegar a la región interior y estaba a una casilla del final (habíamos decidido por unanimidad parar el juego en cuanto alguien llegara a la corona). Sin embargo su astucia no le servía para vencer a los demonios –cada vez estoy más convencida de que en este juego puedes ganar con fuerza y sin astucia, pero no al revés–. M. intentó ayudarle, pues ya pasaban de las 2 y al día siguiente madrugábamos. Hay un momento en el Talismán en el que lo único que importa es que alguno venza, en el que se convierte en una especie de colaborativo para lograr acabar el juego. Pero no, el juego acabó con nosotros. Cuando Juan Cruz murió decidimos que Talismán había vuelto a ganar sobre los aventureros (como aquella vez en que nos convirtió a todos en sapo) y cerramos el tablero.

Aún no he guardado los juegos que saqué para jugar con las visitas. Me da pena que ya no tengamos nuestra partida después de cenar (entre dos, ya lo sabéis, nunca es lo mismo). Ahora nos turnamos M. y yo para intentar superar el record del Dots con el móvil. El móvil y los juegos tendrán que convivir, pero tendré que dejar al aparato de lado cuando se abra el tablero. No quiero volver a perder la atención y, como Confucio debería haber dicho: cuando juego, juego.

Anuncios
Etiquetado , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: