Archivo de la etiqueta: temático

Hora de Aventuras

Agua (LazyLens 20131231 112145 HD)

Temibles trolls llegados desde lejanos foros de HQ25

Un mes tardó en llegar, pero desde que llegó casi no se ha guardado en el armario: Pathfinder el juego de cartas. Un juego sencillo, emocionante y sin nada que impida jugarlo una y otra vez salvo, quizá, lo repetitivo de sus partidas. Leí por encima las reglas y aún no estoy segura de que lo hagamos todo perfecto, pero se agradece un juego que puedas armar desde la primera ojeada al manual y que no olvides de una partida a otra. En la mayor parte de nuestros juegos tienes que pasar por el mismo proceso de revisión, lectura y consulta cada vez que los sacas a la mesa y sí, puede que sean mejores juegos, pero al final nos tiramos a lo inmediato. Sólo hay algo que pueda ganarle a lo gratis: lo cómodo. Es una frase que no sé quién dijo refiriéndose a lo que se podía descargar en internet, pero que también puede aplicarse a otros aspectos de la vida.

La primera partida fue horrible, cogí a una hermosa maga de vestido rojo y tatuajes, pero resultó débil y mi mazo de cartas se acabó en un suspiro. Soy demasiado impetuosa para jugar con magos, eso es algo que ya debería saber, pero tienen un halo de encanto al que me cuesta mucho resistirme.

La segunda vez cogí a la clériga y ya fue mucho mejor la cosa. Es un personaje más equilibrado, con armas, armaduras, hechizos y bendiciones (muchas bendiciones) que me resulta más cómodo y efectivo. En uno de los escenarios fue crucial para vencer a los no muertos, gracias a su habilidad de tirar un dado de 8 lleno de magia cuando lucha con personajes de estas características. En ese escenario lo teníamos todo a nuestro favor, pero claro, el guerrero Valeros M. tuvo que detenerse en una localización para buscar objetos y armaduras y se nos fue el tiempo antes de cerrarla. Da igual que juegue al Skyrim, al Talismán o al Pathfinder, M. es como una corpulenta urraca a la caza y captura de todo cuanto brille mucho y sea muy poderoso.

Místico (LazyLens 20131231 053104 HD)

Urraquismo en estado puro

El “efecto barbie” (dícese del deseo incontrolable por dotar a tu personaje de todos los objetos valiosos posibles) es importante en este juego y no sólo te obliga a comprar expansiones para rellenar los huecos de la caja, sino que puede conducirte al desastre.

Cuando jugamos con Cristóbal, M. se controló y pudimos vencer, ajustados de tiempo pero con comodidad, los dos últimos escenarios de la aventura básica. Eso sí, mis intentos porque alguno de ellos se preocupara por pasar las cartas de bendición que hacen las veces de cuenta atrás terminaron en fracaso absoluto y tuve que aceptar que tendría que ocuparme de controlar el tiempo yo solita: Maquiavela: clériga y timekeeper. Ese es mi papel. Supongo que es lógico, nadie maneja tanto el fluir de la vida como aquellos que conocen la diferencia entre el tiempo humano y el tiempo sagrado.

Camera360_2013_12_15_101900

Para continuar con nuestra serie de juegos de aventuras –después de Descent, Runnewars, Castle of Ravenloft y Pathfinder y antes de Prophecy y Mage Knight– quisimos probar con Cristóbal el Leyendas de Andor. M. y yo casi nunca ganamos a este juego y M. cada día está más desencantado con él. A mí me gusta jugar de vez en cuando. Ya sólo el tablero hace que no te arrepientas de habértelo comprado. Es uno de los tableros más alucinantes que he visto nunca. ¿Que tardas mucho en montarlo? Cierto. ¿Que es un lío moverse por él? Sí, cierto también. ¿que las aventuras que trae son muy pocas para tanta parafernalia? No podemos decir otra cosa. Pero ábrelo, obsérvalo durante unos 5 minutos y se te olvidará todo lo demás.

Hay algo que se ha valorado positivamente en este juego y que yo detesto: la forma de aprender a jugar. La primera partida tutorial me parece totalmente superflua. No es un juego con tantas reglas como para tener que aprenderlas poco a poco y es muy poco operativo que cuando tienes una duda tengas que mirar en tres lugares diferentes: cartas, manuales o tablero de equipo. Hubiera preferido, la verdad, una explicación exhaustiva con ejemplos bastantes más una hoja resumen para refrescarte la memoria.

Un juego de mesa no es algo a lo que aprendas a jugar una vez y para siempre, como sí lo es un juego de ordenador. Es algo a lo que tienes que aprender a jugar cada vez que lo sacas a la mesa, en cada partida, porque siempre vas a tener alguna duda. En un juego de ordenador las reglas las lleva el propio juego y tú sólo tienes que preocuparte de entrenar ciertas destrezas. Eso es lo que hace que un tutorial sea tan útil. Sin embargo en un juego de mesa los tutoriales sólo se entienden como una forma de aprender a manejar paulatinamente diferentes reglas, como en el Duel of Ages II, donde las formas de ataque y de defensa son tan complejas que tienes que ir poco a poco probándolas todas. Sin embargo en el Leyendas de Andor realmente las reglas no necesitan ese ensayo previo y el querer hacerlo así hace que la información se diluya y sea de más difícil acceso.

Místico (LazyLens 20131231 114036 HD)

Así que después de recolectar reglas de un lado y de otro, explicarle a Cristóbal someramente en qué consistía y advertirle de que probablemente no lográramos finalizar la aventura con éxito y las maneras que teníamos de perder, comenzamos a jugar la tercera leyenda.

¿Fue una aventura? En realidad no. En realidad nos pasamos más tiempo calculando que descubriendo, contando que luchando, analizando que sorprendiendo. Y ahí es donde descubrí el mayor fallo de Leyendas de Andor: no es un juego de aventuras. Aparecen tus enemigos y entonces tienes que proyectar tus futuros movimientos para que el tiempo, ese gran enemigo, no acabe contigo. No puedes sacar tu espada y matar a cuantos monstruos se pongan por delante, porque el marcador de narrador avanzará una casilla con cada muerte. Ni siquiera puedes atacar con furia, porque en tu turno sólo puedes o moverte o atacar, así que tienes que calmarte y esperar a que vuelva a tocarte. No puedes confiar en un golpe de suerte, pues la suerte está más que ajustada, ni hay nada que te obligue a una reacción rápida y visceral.

¿Es un mal juego entonces? En absoluto, es un juego fascinante, en donde aprenderás a medir tus pasos, sostener tus turnos, elaborar estrategias conjuntas. Es un juego para elegir la mejor de las acciones posibles, para intentar lidiar contra el tiempo y, como en todas nuestras luchas cotidianas contra él , fallar la mayoría de las veces. Y si ganas aceptar una victoria que es más un ¡uf! que un ¡hurra!, un alivio, un vencer a una horrible enfermedad y tener como premio una vida tranquila en lugar de la gloria de los héroes. Pongamos que el castillo es tu corazón y los monstruos tus virus y tus héroes tus defensas. El juego sería considerablemente más feo pero el tema sería más adecuado.

Con todo vencimos, aunque bien es cierto que tuvimos que volver sobre nuestros pasos unas cuantas veces por algún error de cálculo. Eso es algo que también le quita bastante carga épica y que jamás nos permitimos en un juego competitivo. Tampoco en la vida, amigo, puedes volver atrás y decir que no, que fue un error, que te devuelvan el tiempo que gastaste en esa relación que no iba a ningún lado o en la carrera que en realidad no te gustaba y que, a la postre, no te sirvió para nada.

Terminamos el año con ansia de aventura, de una verdadera aventura, en la que sintamos el miedo correr por nuestras venas y el aliento de la muerte soplándonos en la nuca. Y morir o vencer, pero dejar una bonita historia que contar, una historia que se recuerde más allá de nuestras vidas, más allá de nuestro tiempo, una historia alucinante, memorable y, sobre todo, épica.

Anuncios
Etiquetado , , , ,

Ludópatas

Thumba_2013-11-03_11-58-14_jpgPregúntale al psiquiatra, a cualquier psiquiatra, cuál es la peor de todas las adicciones. Te contestará que, sin lugar a dudas, mucho peor que la adicción al alcohol, a la coca e incluso a la heroína, es la adicción al juego. Un ludópata nunca se termina de curar, siempre va a estar enganchado, siempre va a arrastrar consigo el ansia por otra partida, por otra moneda, por un último turno. El problema con el juego es que te enganchas a una sustancia creada por tu propio cerebro y eres perfectamente consciente de que puedes generar droga en el momento que lo desees. ¿Cómo hacerlo? Muy fácil, sólo tienes que enfrentarte a un reto en el que tengas posibilidades (aunque no muchas) de ganar, dejar actuar al azar y recoger tu premio o perder tu dinero.

La ludopatía mueve tantos billetes que se han creado templos (los casinos) y ciudades enteras (Las Vegas) donde conseguir esta droga que creamos nosotros mismos. Incluso España ve en la ludopatía una salida rápida de la crisis y sueña secretamente con un Eurovegas que atraiga fortunas extranjeras y propias. Los casinos son lugares alejados de la realidad, espacios de fantasía donde no hay ventanas, ni casi puertas, ni nada que te permita desconcentrarte  un momento y tomar conciencia de cual es tu vida y tu papel en ella.

Desde siempre he intentado evitar la ludopatía como la peste. Jamás me verás jugar con dinero ni apostar un solo euro. Y lo evito porque conozco su poder, porque sé muy bien cuál es esa sustancia que mi cerebro genera y sé que cuando lo hace ya no importa nada ni nadie y sólo importa el juego, ganar sea como sea, con trucos, trampas, manipulaciones. Tan fuerte es la obsesión que se apodera de mí y nubla mi pensamiento, creyendo la partida ganada antes de tiempo y cagándola con errores estúpidos.

Thumba_2013-11-03_12-08-37_jpg

Jamás he pisado un casino. También los evito a como dé lugar. Sólo me gusta verlos en películas, cuando son glamurosos y divertidos, cuando todo es fiesta, vestidos largos y la sonrisa de Gilda. No en la realidad, no esos espacios sórdidos de negocios sucios y vaciar bolsillos. Y sin embargo la atracción por el juego es tan fuerte en mí que me ha llevado lejos, al norte, a una especie de casino familiar. Sin apuestas, sin dinero, pero sí con juegos, con fantasía, con mi cerebro generando esa droga fácil y adictiva de los ludópatas.

Essen. Sí. Hablo de Essen. Enorme palacio de congresos como un templo moderno al sur de la ciudad y juegos, muchos juegos, muchísimos juegos esperando tentadores en la mesa. Nunca he estado en un casino, pero he estado en Essen, y los dos guardan ciertas similitudes. Essen es como Las Vegas, aunque no te guste el juego tienes que ir allí al menos una vez en tu vida, al menos para saber lo que se siente. Porque desde acá, desde este ordenador, desde esta manta, desde esta luz de noviembre lúcida y tranquila, es muy difícil explicártelo.

El plano nos salvó de muchas vueltas, fuimos directamente a los juegos que habíamos apuntado, ignorando tiendas y ofertas. Aparecimos en el Francis Drake, pero había demasiada gente y decidimos probarlo más tarde. En realidad había gente en todas las mesas (por lo que sabemos el Amerigo era casi imposible de probar sin una larga espera, aunque ese no nos llamó la atención). El primer juego con una mesa libre fue el Steam Park, con Marie Cardouat dibujando cajas a nuestro lado. M. siempre conseguía meter sus dados en el cerdo, así que empezaba siempre él (sí, el primer jugador que recoge sus dados empieza). Luego había que pillar suciedad y hacer acciones de acuerdo con lo que te había salido en los dados. Poca estrategia y mecánicas artificiales, que no fluían con naturalidad en el juego y que en absoluto te hacían sentirte como creadora de un parque de atracciones. Las ilustraciones eran preciosas, sí, pero no nos divirtió en absoluto, así que pasamos al siguiente, renunciando a que la señora Cardouat nos dedicara un dibujo.

Thumba_2013-11-03_12-02-00_jpg

La noche anterior habíamos visto a mucha gente de nuestro hotel probando el Quantum, un juego en el que unos dados hacen las veces de naves en una batalla por el control del espacio. Esperamos mucho para probarlo, porque había un grupo que parecía a punto de terminar su partida pero que se quedó en esta situación cerca de una hora. Por fin quedó una mesa libre y nos sentamos con dos alemanes. Uno de ellos nos dejó pronto. El otro tenía una camiseta de “spieloffensive” y una actitud perfectamente acorde con ella. Era de estas personas que cuando piensan una jugada lo hacen con el dedo índice y pulgar sujetándose la frente, como si quisieran soportar el peso de su estrategia o estimularla de alguna manera. Empecé yo y empecé mal. No calculé las consecuencias de mi acción, que pronto se volvería contra mí, y mis alemanes compañeros de mesa preguntaron curiosos “¿por qué haces eso?”. No sé, por empezar de alguna manera. Intentaron sacarme de mi error y que reculara, pero M. respondió: Doesn’t matter, life is life, y seguimos jugando. Es un jueguecico la mar de curioso en donde, dependiendo del número de tu dado, tu nave tiene un movimiento y una capacidad de ataque y defensa diferente. Spieloffensive nos iba cercando poco a poco y, de haber terminado la partida, casi seguro que nos habría dado una paliza (M. no está de acuerdo. Aún conservaba cierta esperanza). Es un juego muy elegante y con bastante carga estratégica. Nos gustó, aunque lo descartamos porque es tremendamente abstracto y nuestros principios nos impiden jugar a abstractos. De todas maneras es un juego muy recomendable, algo caro pero muy recomendable.

Thumba_2013-11-03_12-04-21_jpg

El siguiente que probamos no nos hizo esperar tanto: A Study in Emerald, del señor Wallace. Esta vez nos sentamos a la mesa con otros tres jugadores, uno mayor y dos jóvenes. Tardamos un poco en enterarnos de las reglas. Una vez que le pillas el punto no es difícil, pero tiene muchos detalles que se te pueden escapar en un primer contacto. Se juega por equipos secretos, así que tienes que calcular bien quién está contigo y quién contra ti y también en qué momento descubrir a qué facción perteneces. Cada jugador debe hacerse con el control de ciudades, agentes, cartas, e impedir que los contrarios hagan lo mismo y hay que tener un cuidado extremo con los de tu equipo, pues el jugador que quede el último hace que el equipo al que pertenece pierda automáticamente. Yo era de los buenos, como el otro señor, y M. de los monstruos, junto con los dos jóvenes. Los jóvenes no sabían jugar muy bien, cometían errores tontos y M. también cometió el error de matar un agente de uno de ellos. El mayor en cambio jugaba muy bien así que, en cuanto quedó claro que era de mi equipo, me animé mucho e hice un par de buenos movimientos. Es cierto que es muy fácil olvidar las reglas y a mí (especialmente emocionada en el tramo final de la partida) tenían que vigilarme para que no se me pasaran ciertos “detalles”, pero vale la pena sentarse a jugarlo. Fue el único que juego que acabamos de todos los que probamos en Essen y, para mí, el más emocionante de todos. M. no estaba muy convencido, pero al día siguiente sí que se decidió a comprarlo. Fuimos con la cartera en la mano a Treefrog y nos recibieron con un “Sorry, it’s sold out”. En ese momento cualquier atisbo de duda por parte de M. desapareció y ahora se ha convertido en el juego que hay que conseguir a toda costa. Euro, sí, pero fuertemente temático, con ataque entre jugadores y con los equipos secretos que permiten un punto de incertidumbre y mucha psicología en la estrategia.

Terminamos con la explicación del Carnival zombie, que no nos convenció demasiado y el primer día tocó a su fin, con una cena en un agradable restaurante de Essen y con gente aún más agradable. Después volvimos al hotel. Me di cuenta de que se me había olvidado tomar mi medicamento cada ocho horas, absorta como estaba en los tableros, en ese lugar de fantasía, en ese “hagan juego” de  fichas y cartas. Me di cuenta también de que al día siguiente me pasaría lo mismo, pero el día siguiente es otra historia y será contada en otro momento.

Etiquetado , , , , ,